El escenario económico global al cierre de 2025 ha demostrado una solidez superior a la prevista, logrando evitar una recesión tras la incertidumbre generada por las políticas arancelarias de la administración Trump implementadas en abril. A pesar de un aumento notable de la volatilidad y caídas bursátiles iniciales de doble dígito, la rápida adaptación de las cadenas de suministro y el respaldo de políticas monetarias expansivas por parte del BCE y la Reserva Federal permitieron amortiguar el impacto negativo. Para el ejercicio 2026, se proyecta una continuidad en el crecimiento con un PIB real estimado del 1,2% en la eurozona y del 2,1% en EE. UU., en un entorno donde la inflación comienza a mostrar signos de contención hacia el 1,8% y 2,8% respectivamente. No obstante, persisten riesgos derivados de las tensiones comerciales, la volatilidad cambiaria y una incertidumbre geopolítica históricamente elevada, especialmente en la relación estratégica con China y la situación en Venezuela.

En el ámbito de la renta fija, se mantiene una recomendación de sobreponderar el activo, con una clara preferencia por el crédito corporativo europeo de alta calidad (Investment Grade) y la deuda soberana de países periféricos. Aunque los diferenciales de crédito se encuentran en niveles cercanos a mínimos históricos, el «carry» o rentabilidad por cupón sigue aportando una fuente estable de retornos para las carteras en un escenario de desaceleración ordenada. Por el contrario, se mantiene una actitud cauta y selectiva en el crédito de menor calidad crediticia debido al escaso margen para absorber posibles deterioros macroeconómicos.

Respecto a la renta variable, los mercados finalizaron 2025 en máximos históricos, destacando el comportamiento excepcional del Ibex 35 con una subida anual del 49%, su segundo mejor registro histórico. Este impulso estuvo liderado por el sector bancario europeo, que avanzó más del 80% en el año. A pesar de que las valoraciones actuales se sitúan por encima de los promedios históricos, especialmente en el S&P 500, la estrategia adoptada es la de sobreponderar la exposición a bolsa. Esta postura se apoya en la reducción de la incertidumbre arancelaria, las expectativas de crecimiento de beneficios de doble dígito y una política monetaria que se prevé más acomodaticia en EE. UU.. Finalmente, en el posicionamiento global se favorece el euro frente al dólar y se adopta una postura neutral hacia el mercado japonés.

Ver : Informe de Mercados Banca Privada 2026 01